La Casa Batlló es la obra de Gaudí que menos se parece a un edificio y más a una criatura. La fachada está forrada de discos de vidrio y cerámica que cambian de color según la hora, los balcones parecen antifaces de hierro, las columnas del piso bajo recuerdan huesos y el tejado tiene escamas. Nada de eso es casual, pero tampoco está explicado por su autor: Gaudí no dejó escrito qué quiso representar, y todo lo que se cuenta sobre dragones y caballeros son lecturas posteriores.
Lo primero que conviene saber es que esta casa no la levantó él. En el solar ya había un edificio de viviendas de alquiler, corriente, construido en 1877 por Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. Suele contarse al revés, que Sala fue profesor suyo en la Escuela de Arquitectura, y las fechas no lo sostienen: Sala se tituló en 1876 y Gaudí en 1878. El industrial textil Josep Batlló i Casanovas compró el edificio en 1903 con la idea de derribarlo y hacer otro. Gaudí lo convenció de que no hacía falta, y entre 1904 y 1906 lo transformó desde dentro.
La manzana de la Discordia: cinco edificios, no tres
La Casa Batlló no está sola. En el mismo tramo del Paseo de Gracia, entre Aragó y Consell de Cent, hay cinco edificios de cinco arquitectos distintos, no tres, que es lo que suele contarse. Los números impares del 35 al 43 son, uno detrás de otro, la Casa Lleó i Morera de Lluís Domènech i Montaner, la Casa Mulleras de Enric Sagnier, la Casa Bonet de Marcel·lià Coquillat, la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch y la Casa Batlló. Ninguno se parece al de al lado, y uno de ellos ni siquiera es modernista.
| Número | Edificio | Arquitecto | Cuándo |
|---|---|---|---|
| 35 | Casa Lleó i Morera | Lluís Domènech i Montaner | Reforma de 1902-1905, sobre un edificio de 1864 |
| 37 | Casa Mulleras | Enric Sagnier | Reforma de 1911, sobre un edificio de 1868 |
| 39 | Casa Bonet | Marcel·lià Coquillat | 1915. Es la única que no es modernista: es clasicista |
| 41 | Casa Amatller | Josep Puig i Cadafalch | 1898-1900 |
| 43 | Casa Batlló | Antoni Gaudí | Reforma de 1904-1906 |
Los barceloneses de la época bautizaron el conjunto Manzana de la Discordia, con un juego de palabras que necesita el castellano: manzana es a la vez la fruta del mito griego y el bloque de casas. Suele leerse que en catalán el chiste se pierde, y no es exacto: durante décadas se dijo mansana de la Discòrdia, con el castellanismo coloquial que se usaba en la calle, y el doble sentido funcionaba igual de bien. Lo que lo ha ido matando es la normalización moderna hacia illa, que es la palabra correcta en catalán para un bloque de casas y no significa fruta ninguna.
Y hay un detalle constructivo que desmiente de un plumazo la rivalidad que cuentan todas las guías. Gaudí desplazó la torre de la cruz hacia el centro de la azotea para no estropear el remate escalonado de la Casa Amatller, la casa de Puig i Cadafalch pegada a la suya. Si hubiera querido ganar el pulso, la habría plantado en el borde medianero, que es donde la habría visto todo el paseo. El edificio dice lo contrario de la leyenda: los arquitectos de la manzana se miraban de reojo, pero se cedieron el sitio.
¿Es un dragón?
El tejado
El lomo de escamas
La cubierta es una espina curva de cerámica que va cambiando de color, de verde a azul y a violeta, sobre tejas en forma de escama. A un lado sube una torre con una cruz de cuatro brazos. La lectura popular es inmediata: el dragón de Sant Jordi atravesado por la lanza del caballero, y los balcones de abajo como los cráneos de sus víctimas.
Esa interpretación es coherente, es bonita y está aceptada casi en todas partes. También es indemostrable. La formulación honesta la da la propia casa: no hay ninguna prueba de que Gaudí quisiera representar la leyenda, y tampoco ninguna evidencia en contra. Sant Jordi es el patrón de Cataluña, Gaudí era catalanista y creyente, y el edificio se presta. Con eso hay que quedarse: es una lectura razonable, no un dato.
Hay quien ve otras cosas y tiene sus argumentos. La lectura marina se apoya en la fachada y en los interiores: los discos de vidrio devuelven la luz como la superficie del agua, las barandillas y los pasamanos dibujan remolinos, los vidrios de la tribuna van del azul al verde y las molduras del piso noble recuerdan caparazones, algas y olas rotas. Gaudí había pasado mucho tiempo mirando el Mediterráneo y las formas que salen de él, y en esta casa el interior parece visto desde dentro de una ola.
La lectura carnavalesca arranca de los balcones, nueve máscaras de hierro colado repetidas en fila, y de la sensación de que la fachada entera es un disfraz puesto sobre un edificio anodino, que es literalmente lo que ocurrió en 1904. Y la ósea viene de la calle: en Barcelona la llaman casa dels ossos desde mucho antes de que fuera un museo, por las columnas del piso bajo con forma de fémur y por los antepechos que parecen mandíbulas. La casa aguanta las tres lecturas sin desmentir ninguna, y probablemente sea eso lo que la hace funcionar: cada visitante sale convencido de haber visto una cosa distinta.
Por dentro: la luz que cambia de color al bajar
El patio de luces
Un truco óptico de 1906
El patio interior es el elemento técnico más ingenioso de la casa, y se entiende en cuanto se mira hacia arriba. Los azulejos que lo revisten pasan del blanco abajo al azul intenso arriba, y las ventanas son grandes en los pisos bajos y pequeñas en los altos. Los dos gradientes compensan la pérdida de luz: sin ellos, el primer piso sería una cueva y el ático un horno. El resultado es que la luz parece uniforme en toda la altura, y no lo es.
El resto de la visita recorre el Piso Noble, la planta donde vivía la familia Batlló, con la galería que da al paseo y su ventanal ondulado sin una sola línea recta; la escalera de madera que sube enroscada como una columna vertebral, con el pasamanos tallado para que la mano lo agarre sin pensar; el desván, un espacio de arcos catenarios blancos que servía de lavadero y trastero a los inquilinos; y la azotea.
En el Piso Noble hay dos piezas que casi nadie espera. Una es la chimenea en forma de seta, con dos bancos enfrentados metidos dentro del hueco, un rincón pensado para conversar al calor. La otra es el sistema de ventilación regulable de puertas y carpinterías, con celosías de madera que se abren y se cierran para que el aire circule sin necesidad de abrir la ventana, en una casa que aún no tenía nada parecido al aire acondicionado. Son detalles que no salen en las fotos y que explican mejor que la fachada cómo pensaba Gaudí: primero el problema, después la forma.
Y conviene no perder de vista que, por debajo del espectáculo, esto siguió siendo una casa de vecinos. La familia Batlló ocupaba la planta principal, el Piso Noble, y las plantas de arriba eran pisos de alquiler donde vivían otras familias. De ahí las dos escaleras — la señorial, que sube desde el vestíbulo, y la de servicio — y de ahí que el desván fuera un lavadero comunitario y no una sala noble. La reforma no convirtió el edificio en un palacio: lo dejó funcionando exactamente como funcionaba antes, solo que con una fachada que costó una fortuna y un patio que repartía la luz mejor que el de cualquier vecino del paseo.
La azotea
Veintisiete chimeneas
Arriba hay veintisiete chimeneas agrupadas en cuatro conjuntos, de algo más de seis metros de altura, cubiertas de trencadís. No son decorativas: ventilan de verdad, y su forma retorcida está pensada para que el viento no devuelva el humo. Es el mismo recurso que Gaudí había ensayado en el Palau Güell veinte años antes y que repetiría en La Pedrera.
Los números de la casa
| Qué | Cuánto |
|---|---|
| Altura del edificio | 32 metros |
| Ancho de la fachada | 14,5 metros |
| Superficie construida | unos 4.300 m² |
| Plantas | 8 |
| Balcones de la fachada | 9 |
| Chimeneas de la azotea | 27, en 4 grupos de 6,10 m |
| Discos cerámicos de la fachada | 330, en cuatro tamaños: 15, 21, 27 y 35 cm |
| Patio de luces | 13 × 4 metros de planta, 26 de alto, con 32 ventanas |
El detalle que decide qué entrada comprar
La entrada más económica no incluye la azotea. El tejado de escamas y las chimeneas de trencadís — es decir, la imagen por la que la mayoría de la gente compra la entrada — entran a partir del segundo nivel. Es la información más útil que se puede dar sobre este monumento, y no la explica prácticamente nadie.
Lo mismo pasa con la visita nocturna, que tiene su encanto pero tampoco sube al tejado. Los cuatro niveles de entrada, qué añade cada uno y las reglas de acceso están desglosados en la página de entradas.
Vas a estar al lado de La Pedrera
Están a poco más de quinientos metros por la misma acera: son la única pareja de obras de Gaudí que se ven seguidas sin coger nada.
Preguntas frecuentes
¿Construyó Gaudí la Casa Batlló?
¿Representa la leyenda de Sant Jordi?
¿Por qué la llaman la casa de los huesos?
¿Qué es la Manzana de la Discordia?
¿Se puede subir a la azotea?
¿Es accesible en silla de ruedas?
Datos verificados el. Medidas, cronología de la reforma y niveles de entrada: casabatllo.es. Inscripción en la lista de Patrimonio Mundial: ficha 320 de la UNESCO, ampliación de 2005.